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28 Feb

MEMORIA DE UN SUEÑO ROTO

Publicado por Rogelio Estévez Alcalá

MEMORIA DE UN SUEÑO ROTO

Un 30 de junio de hace diecinueve años expiró el plazo fijado para que el CB Guadalajara cumpliese los requisitos para formalizar el ascenso a la ACB. El club morado se hizo acreedor en 1993 por motivos deportivos de una plaza en la máxima categoría del baloncesto nacional. Los económicos dijeron lo contrario. Finalmente y tras una carrera contrareloj, Guadalajara se quedó sin ascenso.La entidad inicio así una travesía por el desierto de las categorías menores del baloncesto federado que se prolongo hasta su desaparición en junio de 2011. La onomástica, tres lustros, rescata un episodio imborrable del deporte alcarreño. LA MEMORIA DE UN SUEÑO ROTO.

"¡No se la paséis a Perry! ¡A Perry no!. Ángel González Jareño se desgañitaba en la banda. El técnico del CB Guadalajara daba órdenes freneticamente, consciente de la transcendencia de lo que estaba a punto de fraguarse. Imposible quedarse inmóvil. "¡A Perry no!, bramaba, ya con la chaqueta desvanecida sobre la silla del banquillo. El Caja Bilbao presionaba a toda cancha en un intento desesperado por recortar distancias. ´El Gordo´ José Luis Sánchez Burgués, acababa de clavar un triple fundamental desde siete metros. Un mazazo moral para los bilbaínos. La ímagen pertenece al cuarto partido de la semifinal de Primera División, temporada 92/93. El ascenso a la liga ACB que era dominada en aquel periodo por Arvydas Sabonis, un ascenso que ya pertenecía al equipo alcarreño. Le costaba, pero Jareño no perdía la compostura. La bocina final sonó y la purpurina morada estalló en La Casilla. El CB Guadalajara alcanzaba el cielo, la ACB. A Perry Carter, musculado pívot que apenas superaba el 50 por ciento en los tiros libres, no le hicieron falta.

Hace veninte años Guadalajara aspiraba a la ACB, Un convenio con el Real Madrid auspiciado por un mandatario sagaz en los despachos, Juan Manuel Hueli, posibilitó que el equipo alcarreño rozara la gloria. El CB Guadalajara armó una escuadra que todavía permanece en la memoria de los aficionados al baloncesto que se resisten a la ley del puntapié. El Polideportivo San José hasta hace poco recordaba al equipo de forma simbólica. Un poster colgaba con la plantilla de la temporada 92/93 en una de las paredes del pabellón, que eran escoltados por otros destellos nostálgicos, como las fotografias de un longilíneo Pau Gasol en edad júnior y otras que recordaban la visita de la Jugoplastika de Split. De aquella plantilla morada ya no queda ningún jugador en activo y el ultimo en retirarse de la practica del baloncesto fue Ignacio Castellanos y despues en desaparecer el CB Guadalajara que estuvo amparado por la constructora Rayet. El rival derrotado aquel 13 de junio de 1993, el Caja Bilbao, dejó la sucursal bancaria y se puso en manos de una promotora, Iurbentia. Hoy milita en la ACB y hace dos temporadas quedaba subcampeón de la ACB, y juega competición europea. Las travesuras del destino que un día no quisierón que Bilbao estuviese en la ACB y Guadalajara si, y que en la actualidad las circustancias y la mala gestión economica y deportiva han querido que Guadalajara desapareciera tras 39 años de historia y con un palmares brillante y envidiable donde los haya.

La actualidad no contrasta ya con aquella temporada 92/93 en la que una ciudad volcada con el baloncesto y una plantilla que fue creyendo paulatinamente en sus posibilidades establecieron una alianza que desembocó primero en una catarsis y después en decepción. La memoria de un sueño roto que veinte años después no se ha podido recomponer. "No debimos ascender nunca y la gente no hubiera dejado de ir para ver al equipo" sentencia José Luis Sánchez Burgués en el 25 aniversario del Polideportivo San José. "El no ascender destruyó todas las ilusiones del aficionado", sentenciaba Jareño, a dia de hoy entrenador del Planasa Navarra de la liga LEB ORO.

Desde el principio, todo apuntaba a que iba a ser un año diferente. Basta un ejemplo para ilustrarlo. El CB Guadalajara disputó en pretemporada un partido con el Real Madrid. En teoría, dos equipo afines. Aspirantes contra consagrados. Un amistoso. Pura apariencia. El joven pívot local Martín Ferrer y el base madridista Antúnez fueron descalificados por agresión mutua. Perry Carter desquició al habitualmente tranquilo Ricky Brown. El Guadalajara rozó la sorpresa. Habia hambre de triunfos, el equipo era extremadamente competitivo. Los entrenamientos eran brutales, había sangre, memorables eran los duelos entre Martín Ferrer y Perry Carter "En los entrenamientos donde Jareño les tenia que poner en el mismo equipo siempre para que no se pegasen" recordaba Ricardo Peral. Una mezcla explosiva de juventud y experiencia. "Aquel equipo fue maravilloso", recuerda Jareño donde todos querian jugar y que fuera de la cancha eran muy buenas personas, pero dentro todo lo contrario y en el campo eran un polvorin.

Jareño, joven técnico procedente del Real Madrid, había sustituido a Chuchi Carreras. Con el entrenador llegaron de la capital José Maria Silva, David Brabender -hijo de Wayne-, Ricardo Peral y Álvaro Écija, que se sumaron a Jerónimo Bucero y Nacho Castellanos. Faltaba el americano. El día que Perry Carter se asomó por los vestuarios del San José más de uno se asustó. "Era una montaña de músculos", le recuerdan sus compañeros. Don Leventhal, veterano analista de la NBA, le definió tras sus paso por la Universidad de Ohio como "un Karl Malone en miniatura". Una ganga en todo caso. Una condición imprescindible, puesto que el club acumulaba una deuda de 35 millones de pesetas que se estuvo pagando siempre. Las consecuencias de un éxito no consumado.

El equipo, que partía con la intención de ocupar uno de los diez primeros puestos que daban acceso al play-off, inició el campeonato a un ritmo fortísimo. Seis victorias consecutivas, una racha que quebró el Montehuelva. Con Brabender a los mandos, el Guadalajara deslumbraba.

Coleccionó marcadores centenarios y promocionó a valores como Ricardo Peral, un introvertido ala-pivot de apenas 20 años al que los especialistas auguraban un futuro en la NBA. El CB Guadalajara acabó liderando la primera vuelta, perseguido por el Caja Bilbao. Hueli habló entonces por ver primera del ascenso, "una meta, por utópica que sea". La ilusión prendió en la plantilla y la aficción.

La segunda vuelta arrancó con malas noticias en forma de lesiones. " Parecemos un hospital andante", sentenció Jareño. La plantilla se resintió y llegaron las derrotas dolorosas como la registrada ante el colista Alcalá. El técnico, 32 años, dio un paso al frente y aplicó una de sus máximas: "No dramatizo las derrotas al igual que no exagero las victorias". El fichaje de Guillermo Coll supuso un revulsivo y el equipo finalizo el campeonato como líder con 21 victorias y 7 derrotas de una competitiva categoria habitada por jugadores veteranos, ex ACB y extranjeros del caché de Radunovic, Shaun Vandiver y Wayne Robinson.

Tras una irregular segunda fase, el Guadalajara se cruzó con el Askatuak de Óscar Roche, ex de la casa. La eliminatoria se solventó por la vía rápida. La tensión se apoderó del siguiente cruce contra el Caja Bilbao. El Guadalajara aseguró los partidos caseros con un San José a reventar, 1.800 espectadores en las gradas. Desde Bilbao se calentó la eliminatoria. Joan Llaneza, técnico de los vascos, aseguró que Hueli era "el jugador más peligroso" por sus relaciones federativas. Un pésimo enuentro de los morados puso el 2-1. Finalmente, el 13 de junio de 1993 el CB Guadalajara materializaba el ascenso. El pospartido quedó duchado de anécdotas y el relato de cómo Brabender desestabilizó al base rival. "Le decía que tirara, que no metía ni una", rememora Hueli, ya totalmente desvinculado del baloncesto y que en la actualidad ocupa un cargo de importancia en el Consejo Superior de Deportes. Quinientos kilómetros de norte a centro, la capital alcarreña estallaba de alegría. Como todo lo bueno, duró poco.

La ACB lo puso difícil desde el primer momento. Fijó un plazo, el 30 de junio, para que el club cumpliese unas condiciones leonicas. Inaccesibles la mayoría, como el pago de un canon de 400 millones más IVA. Las reuníones se fueron sucediendo con la misma rapidez con que el pesismismo iba embargando a los más optimistas. "Fue lo peor, una frustración enorme", aporta Jareño. Hueli lo vivió desde el despacho: "Hicimos lo que pudimos, que se sepa. Lo que nos pedían era una burrada, un impuesto revolucionario". El otro ascendido en la cancha, el Cornella ganó al Guadalajara en una intranscendente final mutilada por las ausencias, tampoco pudo franquear el ascenso por la barrera económica.

A esta situación de desconcierto se sumó el anuncio de la marcha de Huelí al Salamanca tras 19 años al frente del Guadalajara. "Fue una desilusión, por eso me marché". El club quedó descabezado y a la deriva, rescatado por una comisión gestora. El 30 de junio expiró el plazo de la Federación. El sueño se desvaneció y el Guadalajara renovó presencia en la Primera División Nacional, con una plantilla totalmente nueva. El inicio de una caída en picado que duro hasta su desaparición. En eso coinciden los implicados. Hoy todo aquello es más que un recuerdo, "una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida", dice Jareño. "Quisimos vivir por encima de lo que podíamos, un error", se autoinculpa Hueli, una figura que durante mucho tiempo suscito opniones contraditorias en los foros de debate del deporte alcarreño. La historia defiende su gestión deportiva. Cogió al equipo en Tercera a principios de los 70 y lo aupó hasta acariciar la ACB. El presente le recuerda desde un prisma diferente. El CB Guadalajara estuvo pagando los excesos económicos durante mucho tiempo que permitieron disfrutar de jugadores como el mastodóntico Thachenko, el carismático Leonard Allen los internacionales Ismael Santos y José Lasa, y de temporadas como la añorada 92/93, condenada a perpetuidad a ser reconocida como la del ascenso frustrado.

Los jugadores hicieron caso a Jareño aquella noche del 13 de junio de 1993 en La Casilla. A Carter no le pasaron el balón y José Luis Sánchez Burgués anotó un triple descomunal de siete metros. Obedecieron, aunque desconocían que hubiera dado igual incumplir las órdenes. El sueño, lamentablemente, ya estaba roto.

EL BALONCESTO DE LO QUE FUIMOS Y LO QUE SOMOS: MEMORIA DE UN SUEÑO ROTO.
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Lector 10/01/2014 02:00

Creo que debería poner el nombre del autor de este reportaje, no lo veo por ningún lado.
Enhorabuena, por otro lado, por la página.

Jerobucero 03/01/2013 01:25

Imagina un equipo con solo un extranjero en la España actual. En addeco oro. Con 5 jugadores de 19 años, jugando.
una pena, que el señor Bono no supiese entonces que el deporte es la mejor publicidad para un político.

Rogelio Estévez Alcalá 03/01/2013 12:51

Totalmente de acuerdo contigo, una lastima aquello que ocurrió hubiera sido bonito ver al equipo con el mismo grupo de jóvenes jugando en la ACB.

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